¿El viento? Soy el viento, ¿El mar, la luna?, Soy el mar y la luna. ¿Lágrimas, dolor, amor, vuelos de pájaro? Soy todos ellos. Bailo lo que soy. ¿Pecado, oración, vuelo, la luz que nunca existió sobre la tierra ni el mar? Bailo lo que soy.Isadora DuncanPum, pum...hay un ritmo en cada historia. Pum, pum...hay un cuerpo en cada sueño. Y en el aliento, palabra mágica que se las ingenia para significar respiración, vida, espíritu, alma, inspiración, alivio; hay ritmo, hay cuerpo y movimiento.
Los que nos hemos formado como coaches sabemos que nuestras historias viven en el cuerpo; y creo también que no sólo residen allí como manifestación corporal de la creación emocional-lingüística, sino que de igual forma surgen y se transforman en el movimiento.
Como seres lingüísticos y necesitados de sentido, somos cuenta-cuentos por naturaleza. Somos a la vez creadores y prisioneros de nuestras propias narrativas. El poder que convocan las historias es inconmensurable. ¿Qué revelan? ¿Qué indican? ¿Qué se esconde detrás?
Las historias siempre nacen simultáneamente con la emoción y el cuerpo. Una corporalidad muchas veces negada, no manifestada o reconocida. Emoción que la guía y la alimenta; que también la sabe seguir.
Estamos habituados a verlas únicamente en el lenguaje, a conversar prioritariamente con palabras. A menudo, en el coaching, experimentamos con el cuerpo o diseñamos una experiencia que pueda conectar al coachee con algo que subyace a la historia, que ofrezca otra perspectiva, para desde allí generar una nueva interpretación y quizá más tarde una nueva coherencia. Una nueva coherencia que requerirá de recurrencia y cuerpo para perdurar. ¿Es la nueva interpretación la que trae renovada corporalidad? ¿Es desde el cuerpo transformado por alguna experiencia que se genera la interpretación? Ambos, me parece a mí. Ahí, en ese dialogo, es que se crean las historias que nos mueven por la vida. En esa interacción, guiada por las emociones, no existe una relación causa y efecto, no en el sentido lineal de la manera que usualmente lo entendemos.
“Aprendemos sintiendo”, leo en el blog de Juan Vera y asiento. Jane Crossley y Fernando Morgado, en su libro “De fantasmas y demonios”, plantean que lo que nos caracteriza como especie no es la razón, ni el lenguaje, ni la biología; la diferencia fundamental con otras especies está en el ámbito emocional. Las emociones son nuestro motor. Nuestra capacidad de expresarlas en el lenguaje y el cuerpo, da pie a las historias que nos abren o cierran posibilidades, que nos llevan a vivir como seres libres o victimas, que nos permite ser artistas en la creación de nuestra propia vida. Y todo esto, en movimiento.
La creación de algo nuevo siempre va de la mano de un movimiento de ruptura. La innovación supone trasgresión. En el movimiento podemos desafiar las barreras del lenguaje pues por el cuerpo se escapa aquello que con las palabras no alcanza a salir. Sin embargo ese algo que aparece debe ser reconstituido, articulado otra vez en el lenguaje. Me refiero no a una reconstrucción lingüística y a una reconstrucción corporal de las emociones, sino a una reconstrucción “lingüística-corporal” de la emociones que sucede en dialogo, simultáneamente, en la cual la historia que surge no se acomoda de un ámbito a otro, se articula en sintonía.
El movimiento precede al lenguaje y la danza es quizá una de las artes más antiguas. En su origen, como expresión espontánea de la vida colectiva, la danza hacia posible participar en el sentido emocional de las sociedades. A medida que las sociedades se tornaron más complejas, la danza se tornó más sistematizada y su carácter espontáneo fue desapareciendo. Por eso hay quienes hoy están convencidos de que no saben bailar…pero es como si dijeran que no saben sentir.
Isadora Duncan, considerada la madre de la danza contemporánea, y conocida también como una de las bailarinas de Nietzsche, por inspirarse en los trabajos de éste para crear su visión de lo que la danza puede y debe ser, irrumpe transgresoramente en el mundo de la danza estableciendo un vínculo entre el antiguo origen de la danza y la sociedad contemporánea. Buscaba...“aquella danza que pudiera ser la divina expresión del espíritu humano a través del movimiento corporal”
A lo niños de su escuela les decía:
“
Escuchen la música con sus almas y ahora, mientras escuchan, ¿no sienten dentro de ustedes mismos a un ser interior que se despierta y que les hace levantar la cabeza, elevar los brazos y marchar lentamente hacia la luz?”
Contaba que a partir de la primera lección...“
el niño más pequeño comprendía que todos sus movimientos y que sus andares mismos poseían una fuerza espiritual que no existe en los movimientos nacidos del ser físico o creados por el cerebro”
Sin embargo, también se lamentaba de que, en estos mismos niños, según iban creciendo…“
la influencia contraria de nuestra civilización materialista mataba aquella fuerza natural, y perdían su inspiración..."
Atrevernos a jugar, a ser niños, a recuperar el asombro, es indispensable para nuestros nuevos aprendizajes. Y también lo es no olvidar tampoco que el adulto que somos es un ser constituido en el lenguaje, cuya recursividad crea realidades y le permite modelar su identidad y el mundo en que vivimos, crea ser y por lo tanto es acción. Las historias de los niños pequeños siempre son representadas, actuadas, bailadas. Van descubriendo el mundo de las palabras, y también lo exploran desde su corporalidad. Todavía no han divorciado estos dos aspectos, lo sistemas de educación tradicionales se encargarán de eso.
Alguna vez escuché a Julio Olalla decir que el punto de encuentro de los dominios, en donde surgen las coherencias, era un misterio. ¿Es el lugar del Alma? ¿Del espíritu humano del que habla Isadora? Yo creo que allí existe un ritmo. El ritmo de cada ser que encaja de alguna forma con el ritmo del cosmos. El Alma tiene ritmo. Y buscamos sintonía entre nuestra universalidad y nuestra singularidad.
El poder de la imaginación, los sueños, la fantasía, es tremendamente transformador y movilizador para los seres humanos. La creación artística revela aspectos del ser (alma, psyche, espíritu.) que no se manifiestan de otra forma. Lo sabían Freud y Jung, entre otros, que dedicaron importante parte de su trabajo al estudio de la literatura. Es el espacio de las emociones.
Cuando conozco a alguien por primera vez siempre le pido que me cuente una historia; es un habito que tengo desde niña. Verdadera, inventada; cualquier historia de su vida. No es la trama la que me interesa; es la emoción que aparece y me conecta a mí también con el alma de esa persona, es lo que le pasa cuando cuenta lo que le importa, lo que sueña, lo que duele y me descubro yo también ahí…en el ritmo que compartimos.
Contar cuentos, inventar historias, es un ejercicio que utilizo a menudo con mis coachees. Les pido a veces que las bailen en silencio y luego que las narren mientras bailan. Siempre cambian. Buscan el ritmo de sus historias, que se sintonicen el cuerpo y las palabras. ¿Cómo calzan? ¿Se sienten auténticas? ¿Cambia mi cuerpo? ¿Cambia el cuento? Encuentro en mi cuerpo la palabra y la palabra se transforma en mi cuerpo, en movimiento.
Duncan definía el movimiento basado en leyes naturales y espirituales más que en consideraciones formales del espacio geométrico. Fue la primera en bailar con el cuerpo entero. Ella enseñó la continuidad en el baile y la fluidez.
El baile provoca que nos tornemos observadores y actores de nuestra expresividad y actitud, la toma de conciencia de estos aspectos permite ampliar las relaciones que definen nuestra propia realidad. En la expresión corporal, la unidad Pensamiento-Emoción, o sea, nuestra forma de pensar, deja de estar limitada por nuestras opiniones siendo superada por la totalidad de la expresión, y nos permite rearticular las historias.
Ezra Pound, poeta estadounidense, creía en la existencia de un ritmo absoluto. Decía que el poeta debía buscar el ritmo que correspondiera a la emoción que quisiera expresar. Expresión singular que surge de una expresión total, que abarca todas las expresiones y está disponible en el alma humana.
En la escuela de arte de la Bauhaus (principios del siglo XX), que intentaba redefinir y renovar el concepto de arte y de arquitectura para adecuarlo a las exigencias de los nuevos tiempos en encontramos el mismo concepto. Su objetivo era transformar una sociedad escindida entre lo privado y lo público, el exterior y convertirla en una sociedad orgánica a través de la obra de arte total. Ahí se despierta el ritmo absoluto de las cosas.
Somos predestinados y somos creadores. Somos artistas. Tenemos la llave. Y otra vez concuerdo con Juan, la felicidad se construye y ….la felicidad se baila.
En esta comunidad también construimos nuestras historias…y ahora ¿bailamos?