
Reflexionando sobre el II Encuentro de Coaching–Chile que se celebró la semana pasada, me aparece la figura de un monito que sale en la película La Edad de Hielo. Es una ardilla que se llama Scrat y vive obsesionada con su bellota, la que constantemente se le escapa. Patricia May habló de su búsqueda, de las preguntas que la habían inspirado en sus investigaciones. Resonaron en mí las mismas inquietudes; recordé las preguntas maestras que desde chica susurraban en mi oído. He buscado, cómo he buscado…en la lingüística, en la traducción, en la antropología, en la psicología, en la comunicación, en los estudios interdisciplinarios, en la literatura, en la poesía, en el movimiento…y siempre con la sensación de que tenía la bellota por un momento y de pronto se me escurría entre las manos. Algo faltaba, algo que sentía que estaba ahí, algo que integrara todo lo que veía intrínsicamente ligado y no podía explicar. Faltaba el Alma.
Desde el coaching veo con cierta distancia lo que ha sido mi camino y me admira ver la coherencia, la interrelacionalidad de lo que a veces se sentía como estar vendada dando palos al vacío. Siento que llegué por la senda que tenía que llegar, que traigo todo lo que he sido y voy siendo…que lo puedo poner al servicio de otros.
Me queda de Rafael, la necesidad y la importancia de reconocer de dónde venimos, de cuáles son nuestras raíces profundamente soterradas en los fundamentos del pensamiento occidental. La base biológica y el techo ético entre los que se encuentran los dominios del lenguaje, el cuerpo y las emociones, que definen lo que es posible para cada ser humano. Los ejes emocionales desde los que experimentamos el devenir, la prioridad de la acción. Sobretodo me queda la importancia de la mirada sistémica y la pregunta de cómo hacer que el cambio sea sustentable.
De Julio me queda el profundo respeto y cuidado por las personas, la urgencia de hacernos cargo de nuestra casa, de nuestro planeta. La inspiración para salir de mi/nuestro espacio chico e ir más allá de las transformaciones personales. Me queda la sensación de gran apertura, de poder buscar también en otros lugares sin caer en un rigor que pueda sonar a fundamentalismo.
Me quedan varias sensaciones del encuentro, me quedan las caras, las sonrisas, las miradas, las emociones. Me queda el asombro. Más que nada me quedan preguntas. Preguntas que mueven.
Tengo la impresión de que se acerca una etapa muy productiva y quiero hacerla valer. Agarrar mi bellota y salir del espacio chico.