
Partimos en un viaje “Google Earth” el viernes por la mañana. Una coach y un coachee madrugadores se encuentran a las 8:30 hrs.; quizá es muy temprano para empezar a ser cuerdos. Con nuestros cafés en mano nos propusimos salir de la minera y proyectarnos mucho más allá, a mirar de más arriba, con mayor amplitud...a ver qué encontrábamos. Para los astronautas recién iniciados el mundo se ve como una pelota azulada muy hermosa, muy confusa. Más aún si intentamos una pirueta de inspiración estructuralista simultáneamente sincrónica y diacrónica que nos ayude a contextualizar los quiebres. Con cierta distancia podemos apreciar los aspectos histórico-evolutivos (diacronía) que dan cuenta del fenómeno que somos, y a medida que nos acercamos a través de fotos que van revelando nuestra posición con creciente nitidez, vemos la posibilidad que somos en determinado momento en el tiempo (sincronía). Perspectivas histórica y estructural, las llama Echeverría. ¿Qué viste? Pregunto yo. ¿Te sirve? Sonríe y dice: “Ahora me hacen sentido muchas cosas, y también se me descolocan otras. No sé si me gusta.” Noto el brillo en sus ojos, siento lo mismo que él. Tenemos nuevas preguntas.
A mí me impresiona profundamente que la mirada estructuralista que está en la base de mi formación lingüística pueda proyectarse de esta manera. Somos seres lingüísticos, no cabe duda. Sin embargo, me recuerda también con una banderita de alerta que el enfoque estructuralista clásico tiende a estudiar al ser humano desde fuera, y no desde dentro, sostiene que los sentidos engañan, y por lo tanto la comunicación se debe estudiar mediante la construcción de estructuras lógicas, que permitan descubrir las interrelaciones creadoras del sentido y las reglas que constituyen a las normas sociales. El estructuralismo marca límites claros. Reviso mis notas y no me parece raro que, a pesar de que esa no es la propuesta ontológica, la defensa por el rigor, por preservar la coherencia del discurso ocurra en este punto de la presentación de Echeverría...sin duda, arrastramos residuos metafisicos...sí, me parece coherente la propuesta de que las cosas deben probarse en su propio dominio, y ese filtro todavía no me acaba de convencer.
A mí me impresiona profundamente que la mirada estructuralista que está en la base de mi formación lingüística pueda proyectarse de esta manera. Somos seres lingüísticos, no cabe duda. Sin embargo, me recuerda también con una banderita de alerta que el enfoque estructuralista clásico tiende a estudiar al ser humano desde fuera, y no desde dentro, sostiene que los sentidos engañan, y por lo tanto la comunicación se debe estudiar mediante la construcción de estructuras lógicas, que permitan descubrir las interrelaciones creadoras del sentido y las reglas que constituyen a las normas sociales. El estructuralismo marca límites claros. Reviso mis notas y no me parece raro que, a pesar de que esa no es la propuesta ontológica, la defensa por el rigor, por preservar la coherencia del discurso ocurra en este punto de la presentación de Echeverría...sin duda, arrastramos residuos metafisicos...sí, me parece coherente la propuesta de que las cosas deben probarse en su propio dominio, y ese filtro todavía no me acaba de convencer.
Yo a veces no entiendo nada. Juego a conectar los puntos sin seguir la numeración. El enfoque estructuralista me refiere extrañamente al modelo de la ESPT. El Flujo Primordial y la manifestación específica que somos de esa fuente. ¿Qué nos sirve?¿Qué tomamos?¿Qué dejamos? ¿Cuáles son los limites?

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